20.11.02

DE MUDANZA

ATENCIÓN: LA BIBLIOTECA DE BABEL SE MUDA A BLOGALIA. EN LA NUEVA DIRECCIÓN HAY UNA RÉPLICA EXACTA DE TODA ESTA BITÁCORA, MENOS LOS COMENTARIOS. AQUELLOS DE VOSOTROS QUE OS HAYÁIS GANADO EL CIELO POR PONERME EN VUESTROS FAVORITOS, TENDRÉIS UN NUEVO PAR DE ALITAS DORADAS SI ENCIMA ACTUALIZÁIS EL ENLACE A LA DIRECCIÓN http://daurmith.blogalia.com

¡NOS VEMOS EN BLOGALIA! ¡YUPIIIIIII!

PD: ESTA ES LA ÚLTIMA ENTRADA EN BLOGGER. TODAS LAS ENTRADAS QUE ESCRIBA A PARTIR DE AHORA ESTARÁN EN LA NUEVA DIRECCIÓN.

19.11.02

Firulí, firulá

Lo malo que tiene andar probando novedades de software a estas horas es que una mete la pata y cuela una entrada en blanco que luego se ve y se las desea para disimular, por ejemplo escribiendo encima alguna tontería para que parezca que esto era lo que tenía pensado todo el rato... Ustedes disimulen.

Mozilla y yo

Aunque rvr se queja de que no le hago caso, no es cierto. Lo que pasa es que una es lenta y le cuesta cambiar de costumbres, sea de proveedor de blogs, sea de navegador. Pero finalmente, una cae, cual las hojas en otoño (mejor no empezar con la caída de la hoja en Corvallis, que sale a veinte árboles por habitante y a unos doscientos árboles por ser humano). Así que he caído. En la tentación de Mozilla, un navegador que va mejor que Netscape e Internet Explorer juntos, o al menos a mí me va así de bien, y es bonito, y es fácil de usar hasta para gente cortita como yo que no hemos hecho del Linux nuestra vida y razón de ser (¡en la cabeza no, que estoy investigando!).

Resulta que además el Mozilla está lleno de cositas chulas, como un editor para blogs integrado en el navegador. Esta es la excusa para esta entrada, por si no era obvio: probar el editor.

Y oye, pues va muy bien.

18.11.02

Dígaselo con flores

Haciendo uso de las múltiples ventajas de Internet, hoy ha tenido lugar una bella escena. Bueno, un poco rara, porque la cosa ha empezado cuando mi amiga M, que en realidad es V (no pregunten), ha empezado a dar saltitos y a tirarme de la manga y a exclamar que no me lo ha contado, no me lo ha contado, no me lo ha contado. Pues no, no me lo había contado, pero procedió a hacerlo de inmediato.

Resulta que estaba ella toda feliz en casa cuando, ding dong, llaman a la puerta, ¿quién será? Emoción. En las inmortales palabras de V, "era un hombrecito con un ramo de flores". Dado que V llama "hombrecito" a cualquier persona del sexo masculino entre los 30 y los 240 centímetros de altura y/o anchura, sólo podemos imaginarnos el aspecto del hombrecito en cuestión, aunque hay peores maneras de ser descrito a alguien. El hombrecito le entregó el ramo, que venía con la tarjetita de rigor, y ¡zas! El ramo era para V, enviado por sus amigas desde España, haciendo uso de la maravilla que es Internet para hacer posibles cosas bastante curiosas o, en este caso, así de bonitas. De modo que V, toda contenta con su ramo, me ha hecho saber que al llegar a casa esta noche va a sentarse delante de él para contemplarlo a placer. Tal era su expresión de alegría al contarme el suceso, y tal su tono de sinceridad al hacerme saber sus planes, que ahora temo por ella. Quién sabe si, perdida en la arrobada contemplación del bello arreglo floral, V se olvidará de dormir y de comer, inmersa en una cálida nubecita rosada de amistad. Puede que pasen días y días sin que el efecto de este encantador regalo pierda intensidad; se marchitarán las flores, pero sus fantasmas habrán formado ya una imagen eternamente lozana, quemada en las retinas de V por persistencia de la visión. Sus compañeras de casa cobrarán entrada para que los curiosos puedan pasar a ver el extraño retablo de V, como una estatua viviente, contemplando con arrobo lo que fuera un hermoso ramo de margaritas rosas y blancas. Ahora mismo, si las técnicas de tomografía computerizada fueran un poco más sensibles, estoy segura de que la cara posterior interna del cráneo de V tiene un delicado bajorrelieve de un ramo de flores, que tras perfumar todo su cerebro se ha instalado ahí como un recordatorio indeleble del poder de la amistad.
Cenicienta a las doce y media

Antes de que termine el hechizoHay casas que han dejado olvidadas en los escalones de entrada las calabazas que tallaron para Halloween. El tiempo y la humedad las han convertido en -ahora sí- auténticos monstruos moteados de verde y gris. Las sonrisas antes burlonas e inofensivas se han tornado en rictus amenazadores llenos de un odio amargo; los ojos han adquirido pliegues diabólicos tras los cuales sólo se ve un vacío oscuro y fétido lleno de podredumbre; las formas orondas y amigables se han convertido en excrecencias bulbosas y tumefactas, medio fundidas con el cemento en un charco de detritus de color de pus. Ahora es cuando dan miedo, ahora.
El gran atractor

Hemíptero azulitoMi casa tiene dos puertas. Una casi no la uso, salvo para dejar entrar a las visitas. La otra, la puerta trasera, que da a mi cocinita, es la más transitada. Es de esas que salen en las películas americanas, doble: una puerta mosquitera, con un panel de vidrio y otro de tela metálica, y la puerta en sí, que está hecha de pan mascado y pintura de esas tan buenas tan buenas tan buenas que dejan ver todas las taras de la madera de plancha de debajo, y si me apuras, hasta lo que hay detrás de la puerta.

Siempre me pregunté a qué santo viene poner una puerta mosquitera en Corvallis, quizá el lugar con menos bichejos del planeta. Bueno, haylos, pero la verdad es que hay pocos. Las siete moscas que asignaron a este pueblo se concentran, todas, en la Beanery, en las mesas de al lado de las ventanas, y van a morir en los (para ellas) océanos de café que se toman los parroquianos, que las ingieren despistados, aumentando así en varios enteros la calidad de su alimentación. Pero aparte de estas moscas, que son más bien apacibles, hay pocas cosas. En verano se ve algo más, pero poquito, quizá por la enorme población de arañas, no lo sé. La cuestión es que la población entomológica de Corvallis no da para mantener a una salamanquesa escuchimizada, menos aún para justificar una puerta mosquitera.

Pero deben tener algo estas puertas, porque la mayor concentración de bichos la he visto siempre ahí. Chinches sobre todo, y en verano alguna típula despistada con las patazas largas y blandas medio enredadas en la malla metálica. Les gusta la puerta, se ve. Les atrae. Al principio pensé que sería la bombilla que hay en la fachada, que se enciende de noche merced a un sensor, pero como esa bombilla se funde cada cinco minutos cuando salpica el agua de las frecuentes lluvias, y estoy hartita de cambiarla, a veces han pasado meses con la fachada a oscuras y aun así seguían apareciendo bichos acampando en la malla metálica de la puerta. Algunos son muy raros y bonitos, pero insisto, lo más normal es que sean chinches. Hoy había una de esas esbeltas, con los élitros imitando una máscara africana de alguna deidad especialmente abstracta, en una atractiva combinación de blanco, negro y terracota. Otros días el inquilino es una chinche godezuela jaspeada en pardo y plata, o un tipo extrañísimo de polilla con las alas finas como palitroques, de color arena y chocolate. He pasado revista a más especies en la puerta mosquitera de mi casa que en todos los veranos paseando por los alrededores. Y lo divertido del caso es que todos estos bichos aparecen por dentro de la puerta, entre la mosquitera y la puerta de salivilla, o sea, que como elemento disuasorio la mosquitera es más bien, um, un desastre. Estoy por poner un cartel que brille en longitudes de onda infrarrojas para que los bichos sepan que, qué porras, aquí serán siempre bienvenidos.

15.11.02

Las metáforas

Son útiles, pero tienen mucho peligro. El nombre suena a algún protozoo de agua dulce ("Mira, ¿ves ese globito de ahí que parece que gira como una peonza? Es una metáfora, un macho, me parece. La hembra de la metáfora es más grande y de color fucsia pálido. Las metáforas viven en aguas ricas en nutrientes y se alimentan de trocitos de tela de vaquero en descomposición...").

Ejem. Decía yo que las metáforas tienen mucho peligro. Algún profesor despistado ha explicado con demasiada alegría y levedad el Mito de la Caverna y se ha acabado encontrando en los exámenes pormenorizadas descripciones de las aventuras de Platón, ese gran espeleólogo. Los más despistados dicen que el espeleólogo era Sócrates y que Platón le robó el cuento de las sombras chinas un día que Sócrates iba hasta arriba el vino resinoso de las islas.

Cuando me explicaron la metáfora en clase de Lengua, en el cole, el mayor problema del profesor fue enseñarnos a diferenciar metáfora de comparación. Porque es que, a lo mejor éramos muy cortos (lo éramos, pero luego algunos crecimos), pero no lo veíamos: ¿qué diferencia había entre decir "tus ojos son como dos estrellas" y "tus ojos son dos estrellas"? Las pasó canutas el pobre Don Mariano. Finalmente todos decidimos que la diferencia era la aparición de la palabra "como" en el texto sospechoso, y así pasamos todos de curso, tan contentos.

A las metáforas les pasa un poco como a los bombones. Al principio nunca tienes suficiente, siempre quieres más. Luego te das cuenta de que te has indigestado porque te entran náuseas al ver uno. Y cuando te recuperas empiezas a discriminar más y ya no te atracas con bombones al por mayor de chocolate dulzón y pegajoso, sino que prefieres apenas uno de vez en cuando. Pero ojo, un bombón de Lindt al 70% de cacao, como poco. Que aún hay clases. Y ya me he despistado otra vez.

A lo que iba: que las metáforas vienen bien, a pesar de los riesgos que entrañan. Son útiles. No podemos vivir sin ellas. O sí, pero muchas cosas sonarían raras. Por ejemplo, tendríamos que decir "la sustancia lacrimal que lubrica tus córneas refleja la luz en patrones que encuentro estéticamente placenteros y sexualmente estimulantes", y la verdad es que no queda igual. Este tipo de cosas sólo se leen en malos relatos de ciencia ficción cuando hace su entrada el típico androide/alienígena/entidad incorpórea artificial o no, que de repente decide (ello sabrá por qué) que quiere ser humano y se pasa medio libro (o siete temporadas en el caso de series de la tele) haciendo intentos patéticos y bastante risibles (que no graciosos) de emular a sus admirados humanos en esto de los sentimientos, la poesía, el amor, y blablabla. No sé si se me ha notado mucho, pero este es el tópico que más rabia me da de toda la ciencia ficción, sin excepciones, seguido muy de cerca por el de "alienígenas superpoderosos y la mar de paternalistas que quieren salvar a la Humanidad de sí misma, ellos sabrán por qué". No lo aguanto, me pone mala.

Hala, ahí va el hilo otra vez, a ver mundo. Bueno, da igual, he dicho algo de lo que quería decir. Mis cuentas están saldadas, he purgado la bilis de mi sistema, he aliviado la presión interna.

Metafóricamente hablando, claro.

13.11.02

Ea, ea

Los ánimos andan un poco soliviantados en Blogalia, donde las últimas historias publicadas por los vecinos narran infortunios varios o disgustos recibidos al leer la prensa. Hay que ver, ahora me da cosa quejarme por estar en Corvallis. No se está tan mal aquí, después de todo. Se tiene asumido que una se va a tropezar con evangelistas varios al doblar la esquina, que el Veteran's Day tenemos un par de soldados firmes durante horas en recuerdo a los caídos por dios y por la tapia, digo patria, y otras muchas cosas un tanto surrealistas que aquí se asumen como normales pero que en España nos ponen los ojos redondos de asombro. A propósito del Veteran's Day, no cuento la historia porque es repetirse: hace un año ya conté lo del limón.

Releyendo los archivos me doy cuenta de que hace un año estaba bastante más inspirada que ahora. ¿Será la edad?

12.11.02

Atropellando bicicletas

Es lo que ha estado a punto de pasarme esta mañana. Y es un poco raro, porque suele ser al revés, o casi; en general son las bicicletas, que pululan por el campus en número abundante, con el alegre abandono de pilotos kamikaze, las que han estado más de una vez a punto de darme un disgusto. Pero en este caso acudía yo al laboratorio por la mañana un día lluvioso de otoño -qué potito-, leyendo mi libro -Nonzero- y medio pensando en las musarañas y en otros mustélidos relacionados -y otras cosas-, y al llegar bajo los pilares de ladrillo que soportan la majestuosa -por decir algo, y ya paro con los guioncitos- entrada a mi edificio, zas, he tenido que hacer una bella contorsión en el aire para no comerme un aparcadero de bicicletas que ha aparecido allí de la noche a la mañana, como un champiñón cualquiera.

Se entiende la cosa; Oregon es un estado muy natural y ecológico y, a pesar de la lluvia, mucha gente acude al campus en bicicleta. Pero, precisamente por la lluvia antes mencionada, mucha gente se va del campus con el culete mojado de apoyarlo en un sillín bien empapadito por el agüita que le ha estado cayendo encima todo el día, y luego vienen las gripes y los resfriados y esas cosas porque no es sano sentarse en sitios húmedos -esas risitas, que os estoy oyendo, un poco más de seriedad-, así que han tomado cartas en el asunto y han instalado dos aparcaderos, dos, bajo el resguardo de las columnas que soportan la altísima marquesina de entrada a mi edificio. Podrían haberme avisado, por poco me hernio. "La bicicleta inesperada", podría llamarse la viñeta de mi desmorre contra el suelo. Si me hubiera desmorrado, que no es el caso. Una es ágil, cuando le da por ahí.

No es el momento de comentar, después de haber hecho quedar tan bien a la administración de la OSU, que los otros cuatro aparcaderos de bicicletas siguen estando a la intemperie. Preveo revueltas y disturbios entre los alumnos por el privilegio de mantener sequita la bicicleta. Si es que no somos nada.

8.11.02

Mi amigo Pablo

Sujeto paciente de algunos de mis comentarios, y sufrido protagonista de algunas fotos subrepticias que pongo a veces en estas páginas, mi vecino Pablo, que lleva un par de años en Corvallis, se vuelve a España. Me alegra decir que con trabajo. En todo este tiempo no he hablado mucho de él, en parte por si acaso no quería (ya me ha dicho que no le importa), y en parte por si me devuelve a España a patadas, porque estamos, estábamos, muy cerca. Él vivía en el apartamento de al lado. Ahora ya no, porque se va el lunes y mientras tanto vive en casa de amigos. Total, sólo le ofrecieron catorce habitaciones en otras tantas casas, y exagero. Estoy segura de que la vida nocturna de Corvallis va a sufrir un bajón hasta la escala negativa después de que él se vaya.

Esto de vivir al ladito tiene innegables ventajas, como todas las cenas que le he gorroneado, por poner un ejemplo:

-Hola, Pablo, ¿qué haces?
-Preparando la cena.
-Qué bien huele, ¿qué es?
-Fetuccini con champiñones y nata, ¿quieres?
-Bueno -digo yo, y acto seguido me trasiego medio perol como quien no quiere la cosa, seguido por un cuenco de helado de fresa y nata. Por no despreciar.

Por otro lado, hemos llegado a actos de tontería como el hablarnos por MSN viviendo a dos metros uno de la otra, hasta que alguno de los dos se da cuenta de la tontuna, y llama a la puerta, y nos da la risa.

Por supuesto, también representamos el acto vecinal típico.

-Hola Daurmith, ¿tienes una cebolla?
-Oye, Daurmith, ¿me dejas un poco de leche?
-Daurmith, no tendrás unas alcachofas, ¿verdad?
-¿Sabes preparar pollo asado, Daurmith?
-Daurmith, ¿me dejas la plancha?
-¿Y la tabla, ya que estás?

Pablo es decidido como el Cid Campeador:

-Daurmith, ¿qué me hago de cena?
-Daurmith, ¿me pongo a escribir un artículo?
-Daurmith, ¿me voy a Portland este fin de semana?

Yo, que suelo estar haciendo cosas la mar de importantes, como leer un tebeo, o calceta, o cortarme las uñas, suelo decir "No sé, Pablo, lo que quieras". Receta segura para el desastre:

-Daurmith, ¿me voy a jugar al voley o a hacer pesas?
-No sé, Pablo, lo que quieras.
-Es que es un poco tarde y ya no habrá nadie para jugar al voley.
-Pues haz pesas.
-Es que es aburrido.
-Pues llama a algún amigo y dile que vas a jugar a voley y que si quiere ir.
-¿Y si sólo está el chino, que me cae mal?
-Pues entonces haces pesas.
-No me apetece hacer pesas.
-Pues no hagas pesas, yo qué sé.
-Es que si no no sé qué hacer.

A cambio, puedes contar con Pablo para echar por tierra la reputación de Corvallis de lugar aburrido.

-Pablo, ¿vemos una peli esta noche?
-No puedo, he quedado con A y con B en casa de C, donde ya están D, E, F, G, H, I, J y K, para irnos luego a bailar salsa a Portland, que a lo mejor allí nos vemos con L, M y N.
-Pero si es miércoles.
-¿Y qué?

Pablo no tiene prejuicios en cuanto a qué días hay que salir y cuáles no, y eso está muy bien. Además, a Pablo le gustan Les Luthiers. Vamos a echar de menos a Pablo.