30.4.02

No por fastidiar

Pero qué egoísta que soy... Como estaba disfrutando tanto yo, se me ha pasado comentarlo. Vayan a la bitácora de Rigel, vayan, y lean sus personajes, lean. Verán qué bien se lo pasan. Todo gracias al excelente servicio de Blogalia, el mejor proveedor de bitácoras en castellano del mundo. Qué digo del mundo: de la Vía Láctea. No, si es que donde hay calidad, se tiene que notar...

28.4.02

Por fastidiar

Hace unos días, en la página del nunca bien ponderado Vendell, alguien mentó a la bicha. A una de las muchas bichas que esperan agazapadas en los libros de texto para saltar ante la pregunta de algún alma curiosa. Esta bicha en cuestión es el ADN. Porque Vendell et al se preguntaban, con mucha razón: ¿cómo hace el ADN para replicarse, o sea, reproducirse, o sea, hacer copias de sí mismo como todos nos dicen que hace? Porque, véase la jugada, el ADN es una doble hélice, tiene forma un poco como dos muelles de colchón imbricados. Y las bases, los núcleótidos, esas As, Gs, Cs y Ts que todos vemos últimamente en los telediarios, quedan hacia dentro, así que, ¿cómo se hace? ¿Se desenrosca por un extremo, lo cortan para abrirlo, o qué, qué pasa? ¿Y luego qué pasa, se vuelve a enroscar? ¿Cómo se desprende la cadena nueva? Y ¿se replica sólo una de las dos hebras, o las dos? Y si son las dos, ¿se replican de igual manera, o de distinta? ¿Y dónde pasa todo esto? ¿Y cómo se aclara la célula para abrir la doble hélice si el ADN está empaquetadito en los cromosomas? ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh?


Modelo de la doble hélice de ADN
Ay, cuántas preguntas... Algunas respuestas, próximamente en sus pantallas.

Mientras tanto, un par de datitos: un paso de rosca de la doble hélice de ADN mide unos 3.4 nanómetros. Un nanómetro es una millonésima de milímetro. En cada paso de rosca de ADN hay 10 pares de bases. El genoma humano contiene aproximadamente tres mil millones de pares de bases. Así a ojo piojo, si tomamos el genoma humano en una célula y lo estiramos, ¿cuánto mide? Como véis, la célula ha tenido que resolver un problemilla de empaquetamiento de aquí te espero.

Y la vuelta de tuerca: tomando como buena la aproximación de 50 billones (50 millones de millones) de células en el cuerpo humano, ¿alguien se anima a calcular cuánto mediría todo el DNA que llevamos a cuestas, así estiradito?
En estas fechas tan señaladas

Es una tarde de domingo larga, de esas que pasan despacio, con regodeo, remachando bien la idea de que la primavera está aquí para quedarse, le pese a las bajas presiones del Pacífico o a Santa María Goretti. Me he pasado el día haciendo el vago, y la tarde va por el mismo camino -para qué renegar de un clásico, ¿verdad?-. En el apartado musical tengo las cosas raras que a mí me gustan (Glass y demás ralea), entreveradas con cosas más normales como Andrés Segovia llevando al cielo piececitas para guitarra de segundo de conservatorio, y las canciones suaves de Suzanne Vega, todo ello sabiamente dosificado por el ordenador, al que he convencido de que me sirva lo expuesto en orden aleatorio. O pseudo aleatorio, no lo sé.

Estoy con el ánimo bonachón hoy. Todo sigue su curso normal en Corvallis: es la época de sufrir mucho con las alergias; al ir a comprar al súper he visto los estantes llenos de antihistamínicos y demás porquerías, y una ya no sabe si los ponen porque la gente sufre de alergias o si la gente sufre de alergias porque los ponen. Al fin y al cabo nos van lavando el cerebrín un mes antes de [insertar fecha señalada aquí] con todos los estantes bien puestos y bien decoraditos en los colores codificados (rojo y verde en Navidad, tonos pastel en Pascua, azul, rojo y blanco para el Independence Day), y un día escaso después del asunto celebrado, ya están las galas dispuestas para [insertar siguiente fecha señalada aquí] y los bienes (?) de consumo (!) de la fecha anterior en el bidón de "Saldos".

Ahora mismo están con el Día de la Madre, esa santa, oiga. Es un poco difícil celebrar el día de la madre en USA, más que nada por la definición del término: un porcentaje muy significativo de la población tiene a la madre viviendo con su tercer ex-marido (diseñador gráfico) a tres zonas horarias de distancia, y la tal madre es, pongamos por caso, piloto de helicóptero del servicio forestal dos semanas al mes, mientras que las otras dos semanas las emplea en hacer rafting en el río Colorado y una carrera de nordic walking en las Cascade Mountains, y en los ratos libres estudia técnicas de pesca de los indios Lakota, y una vez al mes publica una newsletter en su página web para dejar saber a la familia dónde está y el número de su móvil. Hasta ha programado ella sola (tiene un master en programación y otro en Estudios de la Mujer) un applet de Java que envía a la página web las coordenadas UTM desde su PDA. Y si no han entendido las últimas líneas es que son ustedes unos antiguos.

Pero como ya he dicho, estoy con el ánimo bonachón, así que me parece perfecto. Es más, le diría a la progenie de esta hipotética madre que se rasquen el bolsillo y le compren un casco nuevo y molón de fibra de vidrio decorado a mano por los indios Hopi, que el que tiene está hecho una pena y cuando se va de escalada al estado de Washington queda fatal con sus compañeros del grupo de supervivencia.

27.4.02

A mandar

Me preguntan por correo que para cuándo otro cuadro de Adela Calatayud... ¡Pues para ahora mismo! Hay un nuevo cuadro en la sección adecuadamente llamada "Pinturas de Adela Calatayud", ahí a la izquierda, no, abajo, no tanto, eso, ahí. Dale. Muy bien.

Aclaro: yo no soy Adela Calatayud. Los cuadros no son míos. No los he pintado yo (más quisiera). Me limito a ofrecerlos al disfrute del personal. Es que a veces me da la impresión de que alguien piensa que la sección de Pinturas es autobombo. No lo es. La sección de Relatos sí. Lo cual os demuestra que mejor me dedico a poner pinturas si quiero teneros contentos, que sí quiero, ¿verdad?

26.4.02

Samurai Jack

Genndy Tartakovsky es el nombre que hay que recordar, me temo, en esto de la animación. No en plan largometrajes para cine con animación 3D por ordenador y efectos indistinguibles de la realidad, sino en plan episodios cortitos para televisión. Suyas son las Supernenas (sí, sí, no te escondas, sé que en el fondo te gustan), y con ellas sentó un nuevo estilo de animación: dibujos planos, muy simples, un poco al estilo de collage estilizado del Disney de "La Bella Durmiente", pero muy caricaturizados, con el mínimo derroche de arte. Eso, junto a guiones no exactamente para niños que incluían una gran dosis de descaro, hizo que las Supernenas fuera un éxito rotundo.

Aku, el maloPero Tartakovsky se cansó de la comedia. Quería hacer algo diferente, contar otro tipo de historias. Y su siguiente proyecto fue Samurai Jack.

Seguimos con el mismo estilo: colores planos, personajes estilizados al máximo. Y la historia es la de un héroe arquetípico en su lucha contra el mal en forma de un demonio llamado Aku (gran hallazgo visual, por cierto) que se las arregla para ser realmente malo y caerte bien a la vez: el tipo de historia que hemos leído y visto miles de veces. Pero de alguna manera (todavía estoy intentando explicarme cómo) la serie tiene una frescura y una solidez que se ven raras veces. Ayudan los fondos: paisajes que te embrujan, bien dibujados, usando paletas muy sutiles, que cuentan historias por sí mismos. Ayuda también el laconismo de los episodios: el diálogo se mantiene al mínimo, reforzando la parte épica de la historia. En una época en que los personajes de las series no pueden quedarse calladitos así les maten, es muy refrescante ver una serie en la que partes enteras y muy importantes de la acción pasan en silencio y con una música de fondo sin estridencias y bien hecha. Y ayuda también que el descaro que Tartakovsky inyecta en todos sus guiones esté presente aquí en grandes dosis, en forma de guiños a la cultura pop y a los tópicos del género de aventuras y el de animación. Añádase a la mezcla unos actores de voz excelentes y el resultado es Samurai Jack, uno de esos éxitos casi inmediatos cuya calidad se capta enseguida pero que resulta muy difícil de explicar.
Hecho

Inspirada por un comentario de Yamato en la entrada anterior, he añadido un enlace al Proyecto Gutenberg ahí a la izquierda. Está en inglés, pero se entiende fácilmente. Gracias a él he podido leer a Sabatini (en España me pasé semanas buscando Scaramouche, pero al parecer está descatalogado), y algunas otras cosas curiosas. Y no pocos clásicos en versión original... Bueno, sólo los ingleses. Mi francés no llega a tanto.

De todas formas, como el Proyecto Gutenberg funciona a base de esforzados voluntarios, falta mucho material. No está Jardiel Poncela, por ejemplo, que me parece que ya debe estar en el dominio público, o como se diga eso que pasa cuando caducan los derechos de autor... Y Jardiel Poncela tiene que estar... Jardiel Poncela es un clásico... Jardiel Poncela es... Ay, Jardiel Poncela...

Um, ¿por dónde iba...?

Es que es viernes. Hace frío, ¿cómo puede hacer frío cuando ayer nos estábamos tostando al sol?

Leí que no sé qué escritor recomendaba no empezar jamás una novela describiendo el tiempo que hace. A ver si me aplico el cuento a las entradas de la Biblioteca.

23.4.02

Whitby

A pesar de haber sido previamente contaminada por las películas de la Hammer, por los tebeos y por la imaginería popular, mi visión de Drácula cambió para mejor desde el instante en que me leí la novela de Bram Stoker. Tras terminarla, cualquier versión technicolor del Conde vestido de smoking con la capa forrada de raso escarlata se quedó plana, pálida, y pueril, comparada con la que Stoker describe. Por no hablar del resto de los personajes, que de pronto pasaron de ser excusas para que el Bien triunfara contra el Mal a ser personajes sólidos, reales, con carácter, con entidad, desde Van Helsing a Mina Murray. Para mí no hay otro vampiro literario que el de Stoker, y ninguna adaptación cinematográfica se le acerca (la de Coppola es muy bonita, pero falla, falla, falla estrepitosamente con los personajes).

Drácula es una gran novela. Está contada en un estilo muy original: no hay narrador omnisciente, todo son extractos de diarios taquigrafiados o grabados en fonógrafo, recortes de periódico, cartas. No sólo eso, sino que cada narrador tiene su propia voz y su propio estilo, sus manías y su manera de expresarse. Y además, Stoker se las apaña para regalarnos algunos de los ejemplos de descripción más eficaces y escalofriantes, sobre todo en las partes de la novela que hablan de Whitby.

Abadía de Whitby. ¿A que mola?Whitby fue el puerto que eligió el Conde para su llegada a Inglaterra. Uno esperaría que la llegada del vampyr más famoso del mundo fuera motivo de mucho miedo y tal. Pero los habitantes de Whitby estaban ya curados de espanto.

Porque, veréis: Stoker describió perfectamente el pueblo, con su abadía ruinosa en lo alto, y los ciento noventa y nueve escalones que bajan hasta las frías aguas de la bahía (algunos son lápidas de sepulcro). Ya de por sí, el lugarcito se las trae. Stoker incluso tomó de la realidad (bueno, con muchas licencias) la espectacular llegada del Conde a Whitby: el enorme perro negro que saltó desde un barco que llegó a Whitby tripulado por un capitán muerto. Lo que Stoker no contó es esto:

El cementerio de Whitby está al lado de la abadía, en una colina elevada que acaba cortada a pico sobre el mar. Hoy es más pequeño de lo que era, porque en algún momento del siglo pasado, casi la tercera parte del cementerio se desprendió, con tumbas y todo. La cuña de tierra se precipitó a las aguas de la bahía, y durante semanas las aguas aparecieron cubiertas de ataúdes flotantes en diversos estados de descomposición, que se abrían como flores entre suspiros gaseosos, dejando que su contenido se hundiera en las aguas gris plomo o flotara, grotescamente, hacia el muelle.

¿Bela Lugosi? Con todos mis respetos, ni comparación, oiga. A mí que me den el Drácula de Stoker, y que me dejen leerlo en Whitby, una noche de luna, en lo alto de los vertiginosos escalones que, abajo del todo, lame el agua fría, negra, henchida de muertos, de la bahía.

22.4.02

Cero patatero

Desde que Dupin explicó a su acompañante cómo había deducido su línea de pensamiento a partir de un tropezón en la calle en el relato de Poe, me ha divertido pasar la moviola por alguna de las cadenas causa-efecto que llenan mi vida -y la de cualquiera- y ver cómo he llegado a determinada acción, pensamiento, conclusión o lo que sea.

Hace unos días se comentaba en una lista de correo una posible forma de espionaje electrónico. El método era tan curioso que me trajo a la memoria otro, no sé si ficticio o real, descrito en un libro de Neal Stephenson. Esto me recordó que había otro libro de Neal Stephenson que llevaba tiempo queriendo leer, de modo que fui a la librería, me lo compré y me lo leí (yo soy asina). En este libro en concreto una parte importante de la trama descansa en la cultura Sumeria, que siempre me ha fascinado. Unos días más tarde estaba yo hojeando otros libros en la sección de Ciencia y vi uno que parecía apetitoso. Al abrirlo lo primero que vi fueron caracteres cuneiformes, y como el libro en cuestión es una historia natural del cero, la coincidencia con el libro de Stephenson, que todavía tenía muy fresco en la mente, y lo encantador del tema tratado, me hicieron comprármelo. Estoy leyéndolo ahora, y es una delicia. Aparte de que el cero ya sea un número fascinante de por sí, el libro chisporrotea de entusiasmo: el autor se lo pasó bien escribiéndolo, y se nota. Casi cada página crepita con referencias poéticas, pensamientos al azar, elucubraciones, ideas, información, explicaciones, referencias cruzadas, guiños y expresiones de gozo ante la enrevesada historia de un número que simboliza los extremos, el todo y la nada, las cantidades ingentes y el vacío absoluto, todo a la vez, y simplemente dependiendo de su posición. Es alucinante.

Y eso que acabo de empezar...

P.S. Ah, sí, el libro... The Nothing That Is (A Natural History of Zero), Robert Kaplan, Oxford University Press 1999. ISBN 0-19-514237-3

18.4.02

El cazador

Se conoce a John Hunter como el padre de la cirugía científica. No sin razón; sus contribuciones fueron muy importantes. Entre otras cosas, a él debemos que las bicúspides se llamen bicúspides, y demás nomenclatura dental. Ya se sabe que nombrar las cosas es un acto de gran poder.

La pasión de John Hunter era la anatomía. Estamos en el siglo XVIII y no es fácil procurarse cadáveres. De hecho, es una ocupación difícil y no extenta de riesgo, y los familiares de los decesos no se lo tomaban lo que se dice bien. Los procuradores de cadáveres no eran muy bien vistos, pero Hunter era un cliente ávido y muy dispuesto. De hecho, su avidez por los cadáveres era algo más que amor al trabajo y llegaba a incomodar a sus colegas. En realidad, llegaba incluso a amenazar con matar a alguno de ellos para poder hacerse con un buen ejemplar, fresco del día.O'Brien, riendo el último. El esqueleto pequeño de al lado no es el de Hunter, que se pudrió del todo

A la vez, en Londres vivía un joven de veintipocos años llamado O'Brien. Se ganaba la vida exhibiéndose a los curiosos, porque este jovencito sobrepasaba con comodidad los dos metros y medio de estatura: un auténtico gigante. Y el sueño de un anatomista.

O'Brien adquirió un asiduo visitante en la persona de Hunter, que le miraba con ojillos ávidos, calculadores. Me imagino al joven gigante, amable y sociable, amigo de las juergas y de la gente, siendo perseguido a todas partes por el cirujano, que le estudiaba de lejos con la mirada de un gato a la vista del canario. O'Brien sabía por qué Hunter estaba tan interesado en él. El propio Hunter se lo dijo, fríamente: "Te quedan uno o dos años. Cuando mueras, légame tu cadáver". Y desde entonces estuvo atento a las idas y venidas de O'Brian, que en los dos años que le quedaban de vida ya no pudo librarse de la sombra de ojos penetrantes que esperaba su turno con gélida paciencia, insensible al terror que inspiraba en el hasta entonces despreocupado gigante.

El esqueleto de O'Brien se exhibe hoy día en el Hunterian Museum.
Buf

Me he pasado hora y media haciendo algo que aquí se llama reverse engineering, y que no sé como se traduce, con el Excel. Porque la cosa es que lo tenía que usar, y como hace largos meses que ni lo toco (y nunca lo he tocado de una manera especialmente sobona, no tengo mucha necesidad de él), pues vaya, como que se me había olvidado todo y todo y todo.

Así que aquí estaba yo, deduciendo el modo de hacer cosas a base de una mezcla de ensayo y error, cuenta de la vieja, razonamiento deductivo, y la ayuda online del ordenadorcito con patas ese que hace cuá cuá cuando te equivocas. Un pelito ha faltado para que el ordenadorcito con patas se fuera al cielo de los bits. No he visto cosa más molesta que ese ordenadorcito con patas cuando estás haciendo algo que sabes que va a llevar arrastrando muchos errores. Al ordenadorcito con patas me lo cargaba yo pero rapidito si se seguía poniendo chulo, el ordenadorcito con patas. Jopé con el ordenadorcito con patas.

Pero al final lo hise, lo hise, y ahora estoy toda desmadejada. Mi último comando ha sido para cerrar la ventana del ordenadorcito con patas. Lo he ejecutado con cierto placer sádico, he de reconocerlo. El comando, no al ordenadorcito con patas. Ejecutado, digo. Ya me entienden. Um.

(Añadido más tarde: me dice rvr que "reverse engineering" se traduce, bastante monótonamente todo hay que decirlo, como "ingeniería inversa". Que quede aquí constancia de ello)

17.4.02

Piano, piano

Entre las muchas cosas que ya sabéis está el piano de cola que hay en la sala común del Memorial Union. Lo mantienen decentemente afinado y de vez en cuando alguien llega, se sienta y lo toca, con mayor o menor fortuna, aunque en general el nivel se mantiene bastante alto. Ya voy conociendo a algunos de los ejecutantes. Y hoy, con el buen tiempo, ha vuelto una de ellas, cual ave migratoria.

Es oriental. No me atrevo a precisar más porque vaya usted a saber si es nipona, china, vietnamita, koreana o thailandesa o qué, y estas cosas aquí se miran mucho. Es delgada, larga, tubular, y con su piel color marfil antiguo y sus andares lánguidos parece un anuncio de tisis. Siempre hace lo mismo: llega, y dos pasos antes de llegar al piano se descalza de dos patadas, lanzando las sandalias bajo la banqueta, y toca así, los pies descalzos sobre los pedales. Son unos pies muy largos y muy finos, flexibles como vides, que basculan sobre los pedales como con vida propia, mientras las manos desgranan agradables melodías tipo hilo musical. Sólo que hoy no; hoy, después de una de estas piezas así en plan "melodías de la naturaleza" se ha quedado un largo minuto quieta y rígida al piano, con los ojos cerrados, los pies indecisos, y de repente se ha arrancado a tocar una pieza complicada, romántica, que sonaba como a Liszt pero puede que no lo fuera, que ha empezado algo espasmódicamente para soltarse luego en una cascada de arpeggios que rivalizaba con las llamadas salvajes y lascivas de los estorninos en los arces que se ven por las ventanas francesas.
Cosas ya sabidas

No voy a contaros -porque ya lo hice- lo de los arcoiris en Corvallis. Así que os quedáis sin saber del doble arcoiris de hoy. Y tampoco os pienso contar que la cosa no es que fuera doble, sino que el arcoiris "primario" ha sido alucinante, increíble, maravilloso. El más nítido que he visto en mi vida, con colores tan prietos y sólidos que casi se podía ver la textura del pincel, subiendo desde la base inalcanzable en un arco perfecto de los que salen en los cuentos y en las ilustraciones cursis, pero este con más estilo y mejores colores.

Pero bueno, como esto ya lo sabíais, pues no os lo cuento.

15.4.02

Agua que no has de filtrar

En el principio fue el agua.

Luego llegó la cerveza, el vino, el whisky...

Más tarde alguién destiló unos jarabitos dulzones...

Luego algún listo les añadió coca...

Luego algún aguililla puso burbujitas y nació la Coca-Cola, que se convirtió al poco en algo así como la sangre que corre por las venas de medio mundo (sin la coca ya). Éxito, éxito. Décadas enteras marcando el paso, marcando estilo, creando escuela. Todo cristo y su prima bebiendo cocacola a todo pasto. ¿No hay qué comer? No pasa nada mientras haya cocacola. Más que una marca, ¡un estilo de vida! (otro día hablaré de esto).

Finalmente, despacito, la moda del todo sano, orgániconaturalsinconservantesmaravilloso alcanza el mercado de bebidas y las ventas descienden en favor de bebidas de exóticos zumos de fruta combinados. Fruitopía, V-8, tés aromatizados, la repera limonera (orgánica). Todo el mundo en las pelis, de golpe y porrazo, sale bebiendo zumitos y té en lugar de atizarse un tequila. De las series de la tele, mejor no hablemos...

¿Se va viendo la tendencia? Todo cada vez más natural y sanote. ¿Y qué es lo último? Adivinen.

¿No? Vale, lo cuento: tómese agua del grifo. Sí, del grifo. Fíltrese para quitarle todo el cloro maloso y los minerales inorgánicos repelentes. Ahora, añádanse minerales bondadosos, equilibrados, y naturales, que dan un sabor puro y prístino al liquidillo. Reembotéllese el nuevaerense resultado con un nombre pegadizo (Dasani) y véndase a dólar la botella. Éxito rotundo.

¿Y lo último de lo último? Agua de Gatorade. Con sabor a limón y vitaminas. Antes echaban agua al zumo de frutas. Ahora echan zumo de fruta al agua, y a correr por el campo. No veas lo que deben estar ahorrando.

De verdad, es que hay días queeee...

11.4.02

Cajón Desastre

No puedo acceder ahora mismo a mi querida Moleskine (para los que no se sepan el culebrón de la Moleskine, un día de estos pondré un resumen de lo acaecido), así que escribo una entrada a vuelateclado para que veáis el triste estado de mi mente antes de pulir estas bellas gemas de prosa que brotan en este weblog cual refulgentes gotitas de irisado rocío que... Vaya, ya he estado leyendo demasiada fan fiction otra vez... Ejem...

En fin, he aquí las cosas que hoy se me ha ocurrido que podrían dar alguna que otra idea para la Biblioteca:

Elogio de la maruja (si Rigel no se me adelanta, que con lo inspirado que está últimamente, todo es posible); el regreso de las Personas Fácilmente Ofendidas al periódico del campus; el joven que hoy leía un libro rojo de páginas color crema y dos palabras cortas estampadas en oro sobre la cubierta, adivinen cuáles (iba por el final); y (este lo tengo pendiente desde hace ya tiempo) el fenómeno de la fan fiction.

Si hay alguna que sea favorita entre el público asistente, quilodiga. Y si no, quinodiganá.

Ay señor, qué pena de niña, todos diciendo lo mucho que prometía y mira...

8.4.02

Mens hecha un lío in corpore no sabemos cómo...

El otro día me dio una epifanía, así como quien tiene una alergia o algo. Tras largo tiempo de ver anuncios en la tele de aquí, mi cerebrillo activó un juego de neuronas que se centró en los anuncios de medicamentos (carísimos) que los U.S. of A nos ofrece (no precisamente gratis et amore) para que estemos bien (o tan bien como nos dejen estar, que esa es otra, la manía que tiene la gente aquí de considerarlo todo un grand mal digno de tomos y tomos de autoayuda escritos por comprensivas psicólogas, sobre todo los pobres niños, pero eso es otra historia).

Tomándome ciertas licencias poéticas, el patrón es el siguiente. Pongamos por caso que se cantan las virtudes de un producto llamado, así al azar, "Uñeril"...

El anuncio empieza con un plano medio de una mujer de mediana edad, delgada, inteligente, vestida con ropas informales pero elegantes, que mira fijamente a la cámara con una sonrisa entre triste y reminiscente...

MUJER: Nunca pensé que podría ser un problema...

CORTE a un hombre de mediana edad, con gafas, atlético, vestido con ropas informales pero elegantes, que mira a la cámara con el ceño fruncido y expresión penetrante.

HOMBRE: Le dije a mi mujer, "Ya se irá solo", pero no importa lo que hiciera siempre volvía...

CORTE a un montaje rápido de primeros planos de caras, cuyas etnias y características corporales han sido cuidadosamente equilibradas para no levantar las iras de nadie, que poco a poco se va fundiendo para dejar paso al logo del producto, mientras se oye una voz acariciadora y masculina:

LOCUTOR: Más de diez millones de personas en todo el país sufren en silencio los uñeros. Ahora, por fin, un nuevo producto puede ayudar: UÑERIL. Se ha demostrado que el tratamiento con UÑERIL puede ayudar en la reducción de los uñeros de un 10 a un 15% más que la marca actualmente líder en el mercado. Consulte a su médico sobre UÑERIL, y atrévase de nuevo con los zapatos de puntera estrecha.

CORTE a un montaje de gente feliz corriendo, saltando y bailando, y planos de bellísimos pies descalzos, mientras la misma voz de antes recita, un poco atropelladamente:

LOCUTOR: Los efectos secundarios conocidos varían de leves a severos y pueden incluir dolores de cabeza, mareos, sequedad de boca y mucosas, náuseas, dolores articulares, daños al riñón, y molestias estomacales. En casos aislados se dieron hemorragias internas, colpasos hepáticos, y episodios de cardiomiopatía aguda con posibles efectos cognitivos a largo plazo. No tome UÑERIL si está embarazada, usa drogas, sufre de alguna enfermedad coronaria, SIDA, hepatitis, alergias, reúma, caspa o lupus. Si durante el tratamiento experimenta episodios de desorientación, amnesia, afasia, alucinaciones psicóticas o hipnagógicas, zarzas ardientes, inflamación de las meninges, o dolor muscular, suspenda de inmediato el tratamiento y acuda rápidamente a su médico.

CORTE a un plano del producto con su logo y de nuevo la voz del LOCUTOR, algo falta de aliento, diciendo:

LOCUTOR: UÑERIL: ¡y a correr por el campo!


Que aquellos que comparten país conmigo manifiesten si digo verdad, o miento.

5.4.02

¡Extra, extra! ¡Superman es Clark Kent!

Clark Kent. No, en serio.Siempre me maravilló el misterio de la identidad secreta de los superhéroes. Es una de esas ficciones que, como los Reyes Magos, sabemos falsas, pero que jugamos a que sean ciertas por ese gusanillo pequeño pero muy terco que nos impulsa a respetar la historia, el cuento, la narración (¿recordáis aquello de "no dejes que la realidad te estropee una buena historia"? Claro que creo que la frase se aplicaba al periodismo...)

Superman. Que sí, hazme caso.Así que Superman se ponía unas gafas y corbata y se convertía en Clark Kent, y nadie se daba cuenta. Lois Lane (Luisa Lanas cuando los tebeos nos llegaban traducidos de Sudamérica), a pesar de trabajar codo con codo junto al tímido Clark, jamás reparó en tan insignificante detalle, ¡y eso que era periodista! Y esto inició una moda de idiocia miope como ha habido pocas. Batman / Bruce Wayne tiene un pase (flojito, es verdad) porque la máscara orejuda de Batman cubría casi toda la cara, pero aun así, quien crea que la forma de una boca o un mentón no son significativas, va listo. Spiderman fue más cuco porque se puso pasamontañas (aun no sé cómo veía por esas cosas blancas que tenía en los ojos), y al menos los escritores se asomaron al mundo real lo suficiente como para darse cuenta de que el chico tenía que lavarse el traje (cosa que nunca vi hacer al resto). Pero un número increíble de superhéroes se apuntó a la moda del antifaz (ceñidito, encima, para no tener ni que esconder la forma de la cara) y ¡presto!, era mejor que un lavado de cerebro. Y digo yo, ¿a qué oftalmólogo iba Clark Kent? ¿Y no se daban cuenta en la óptica de que sus gafas no eran graduadas? ¿Y quién enseñó costura a Peter Parker? (buen gusto nadie, eso seguro).

Lo encantador de la lógica de la identidad secreta de los tebeos es que si yo, pongamos por caso, acudo un día al trabajo vestida de azul, y al siguiente de verde, nadie debería reconocerme. Anda que no tendría guasa la cosa.

¿Y qué hago yo hablando de tebeos otra vez? ¡Ni que me gustaran...!

2.4.02

Lepóridos ovíparos

¡Espera espera! Me acabo de acordar de que el domingo pasado asistí a una ceremonia nativa, léase comida de Pascua; bueno, aquí la llaman cena pero tiene lugar a las tres de la tarde, todos sabemos que los mericanos tienen las horas de las comidas todas mal puestas. Bueno, sea como sea el caso es que era una casa grande, con jardín, y había entre la concurrencia crías humanas educadas en la tradición pascual yanqui, o sea: un extraño conejo que va por el campo dejando huevos de varios tipos y alegres colores para que los niños los encuentren. No es un gran desafío, porque en primer lugar los adultos quieren comer y no quieren que la ceremonia dure mucho tiempo, así que van por el césped en cuclillas junto a sus tiernos retoños y cada dos segundos señalan hacia una mata de petunias y exclaman, con esa voz de imbécil con que mucha gente se dirige a los niños "¡Uuuh, mira! ¿No ves una cosita ahíii?" y la creatura va toda ilusionada y extrae un huevo de plástico verde o un huevo hervido normal pero teñido en patrones psicodélicos. Y una vez todos los huevos han sido encontrados y reunidos en cestas, todos nos vamos a comer cordero de granja con puré de patatas, jamón ahumado y verduritas al vapor, todo acompañado por platitos con mantequilla, una salsa extraña como mahonesa pero picante como el diablo y con sabor a mostaza, y también -lo juro- gelatina de menta. Luego, de postre, pastel de manzana, o de mincemeat (que es un mezcladillo de pasas y gengibre y otras cosas), o de ruibarbo, todo con helado de vainilla, y luego un lavado de estómago o algo. Bueno, no fue una mona de Pascua ni un panquemao, pero no estuvo mal.

Lo divertido de esto es que la tradición del Conejo de Pascua, muy anterior al cristianismo de paso, aquí está tan arraigada que los grupos religiosos se las ven y se las desean para recordar a los fieles el (para ellos) verdadero significado de estas fechas, a base de anuncios en los periódicos, panfletos, y picnics (el americano medio no atiende a razones de ningún tipo si no hay comida por medio). Raro, pero cierto.
A ras de césped

Memorial Union

Con el día tan majo de hoy me he tomado el café en el césped del MU, de espaldas a los magnolios porque la luz del sol sobre las flores se refleja con tal brillantez que duele. Por todas partes hay signos de primavera, árboles en flor, avispillas negras revoloteando, estudiantes correteando por el césped, que está todo verde y tupido como un peluche. Es mejor tumbarse porque por el cielo se entrecruzan frisbees y hay grave riesgo de decapitación a poco que te descuides. Aunque por otra parte a mi lado había cuatro fieros jugadores de petanca que hacían temblar la tierra con cada golpe de las bolas plateadas.

Qué asco, otro post descriptivo y primaveral, a ver si espabilo. Pero es que si no tengo que hablar de los afanes evangelizadores postpascuales, y me da urticaria.