31.5.02

Kaputt

Blogalia está hoy kaputt. Como sé que muchos de mis amables lectores son también miembros de ese excelente servicio de bitácoras, y como sé que todos están enganchados a bitacorear y el desplome de hoy les debe estar resultado duro de sobrellevar, ofrezco gratis esta entrada para dejar en los comentarios constancia de sus penas y dolores. O del tiempo que hace. O de lo que les apetezca. Sólo hasta que Blogalia vuelva por sus fueros, que lo hará pronto. De nada. Una que tiene el día generoso. La cajita de donaciones está nada más entrar a la izquierda. No, eso es un cenicero: a la otra izquierda. Ahí.

29.5.02

A propósito de nada

El único resto de tragedia griega que queda en la cultura de masas se encuentra, curiosamente, en algunos ejemplos de anime: la animación japonesa. Y si viene con una música fabulosa, mejor que mejor. Estoy pensando en Cowboy Bebop.

28.5.02

Elogio de la maruja
(Para virgenyfurioso, que lo espera desde hace tiempo)

La maruja es universal. Es un arquetipo. Está presente en todas las culturas a lo largo de toda la historia. Existe en todas las variedades de tipo físico y sexo, aunque hay ciertamente una "especie tipo". En el caso patrio es esa señora entrada en carnes, de gordura elástica, que huele a sudor y a perfume barato, que viste ropas de fibra y viscosa, que cocina cosas con mucha sal y mucho aceite. Es la señora con la voz penetrante, el verbo rudo, la actitud de un tanque en las colas del mercado, y la agresividad de una manada de hienas. Cuando ríe, se le oye en el siguiente huso horario, y su capacidad de introspección es equivalente a la de un caracol. Tiene una energía ilimitada, y aunque siempre se queja de dolor de piernas y jadea como una locomotora asmática, va por la vida trabajando más que un estibador. Su casa huele a limpiamuebles y a ambientador barato, y siempre tiene litografías cursis colgadas de las paredes y un aparador de madera oscura con como mínimo un perrito de porcelana.

Todos hemos reconocido este tipo de maruja. Pero existe en variedades descarnadas y cargadas de joyas de diseños redondeados, con la piel apergaminada y teñida por los UVA del salón. Existe en variedades masculinas, con más capacidad de cotilleo que la CIA, cuyas únicas lecturas son los diarios deportivos, que sólo escuchan tertulias radiofónicas, que poseen la solución a todos los problemas del mundo, y que consideran toda opinión que no sea la suya indigna de atención. Existe en variedades jóvenes, vestidas de fibras naturales, que leen revistas femeninas disfrazadas de revistas Nueva Era y consultan el horóscopo del amor por internet.

Y existe, también, en variedades internacionales. La maruja estadounidense es gorda, fea, desaliñada, y generalmente sufre de alguna terrible enfermedad metabólica. Va por la vida medicada hasta las cejas, tanto por su médico como por ella misma, y su pasión es comunicarse. Domina todas las formas de comunicación electrónica y epistolar, aunque su ortografía sea pésima y su gramática deficiente. El tiempo que ya no dedica a la familia, porque los hijos son generalmente autosuficientes desde los quince años y viven en casa un poco de realquilados, lo emplea en trabajo de voluntariado, porque el trabajo doméstico se considera obviable. Así que la maruja estadounidense mantiene activos los albergues, los hospicios, las clínicas para pobres, las iglesias, las rifas benéficas, las barbacoas multitudinarias, las actividades extraescolares, y los talleres de artesanía. Tiene generalmente dos o tres hobbies, uno de los cuales es indefectiblemente la fan fiction o la pintura. Está enganchada a un mínimo de cinco series de televisión, de ficción o no, alberga una pasión irrefrenable por algún personaje de una de esas series, y no tolera que ningún hombre insinúe siquiera que hay algo que ella no puede hacer.

Las marujas dominan el mundo. No; las marujas dominamos el mundo. Porque, como bien comentaban en esta bitácora, en mayor o menor medida todos llevamos una dentro.
La vida es un quesito en porciones

Al menos así es a bordo de un avión. Todo viene en cómodas porciones para consumo, desde la toallita hasta la sal y la pimienta. La leche para el café. Un sobrecito con granola. Hasta el plátano parecía fabricado adrede, más chiquitín y compacto, adecuado al tamaño de las bandejitas.

Los cubiertos ahora (de nuevo el once de Septiembre asoma el hociquito para saludar) son de plástico. No son ni siquiera de un plástico medianamente resistente, sino de un material flexible cual junco en la brisa, con el que no puedes ensartar... ni el plátano, vaya. El cuchillo tiene la punta redondeada.

¿Por qué la varillita que te dan para remover el café son dos tubitos adosados, muy finos? ¿Es para ahorrar material? ¿Es para ahorrar peso? ¿Es por si te apetece sorber el café por una pajita? En ese caso, ¿por qué dos? Flash de inspiración: para que no se doble fácilmente. La varillita es otra de las porciones de quesito de los aviones. Como los sobrecitos de sal y pimienta, que vienen juntos, igual que Zipi y Zape.

23.5.02

AVISO AL PÚBLICO

*** Por descanso del personal, la Biblioteca permanecerá cerrada hasta el próximo martes día 28 de Mayo. Siéntanse libres de curiosear entre los estantes mientras tanto. Hay cerveza y refrescos en la nevera, y cacahuetes en el aparador. No dejen basura por el suelo. Gracias. ***

22.5.02

Vaya, por error la última entrada ha sustituído a la anterior, en lugar de ponerla a continuación. Toda la entrada de las sandalias con plataforma a la porra. Con lo bien que me había quedado.

21.5.02

No tocar

Esta mañana me he encontrado con Marta, una amiga que también está investigando aquí en Corvallis por el puro placer de hacerlo (ya que todos sabemos que quien quiera puede irse a España a investigar, porque tenemos mucho presupuesto y unos centros bien organizados y sobre todo un tremendo respeto por la investigación, tanto básica como aplicada y sí, mamá, sí, ya me despierto, ya).

La cosa es que Marta andaba un poco preocupada. Ella trabaja en vacunas de ADN para peces (no pregunten), y claro, tiene que criar, y luego infectar, montones de pececillos para investigar la efectividad de la vacuna. Hace poco, un grupo de activistas pro derechos de los animales se pasaron por el recinto donde tiene ella sus tanques con peces, y se enfadaron mucho por el obvio sufrimiento (vamos, digo yo que les habrá parecido obvio, los peces no son precisamente los seres más comunicativos del reino animal) de las criaturas. Van a escribir cartas al rector y cosas así.

Hasta ahí todo bien. Lo que pasa es que en este campus ya ha habido más de un problema porque algunos de estos activistas, más radicales que el resto, no se conforman con escribir cartas al rector; en algunas ocasiones entraron en los laboratorios, mataron a todos los animales, y destruyeron equipo y ordenadores con todos los datos de las investigaciones. Esto ya no está bien, y Marta ha trasladado los peces a otro sitio por si acaso. Hablando con ella, comentábamos que ciertamente no es plato de gusto infectar a unos cuantos cientos de peces, pero si no, ¿cómo carape determinas la eficacia de la vacuna? Se pueden organizar mil tripilijuegos in vitro o in silico (uséase, en el ordenador, en la cosa virtual, vaya), pero no alcanzan ni de lejos ni la eficacia, ni la sencillez ni la elegancia de un experimento directo. Y no te digo lo que cuestan los jueguecitos virtuales.

Todos estos extremistas tienen un credo, como mínimo, curioso. Lo suyo es el "Noli me tangere": no preguntes, no toques, no te intereses, no tengas curiosidad, no operes sobre el mundo para saber cómo actúa. Es pecado querer comprender cómo funcionan las cosas; lo que no te diga una buena sesión de meditación con cristales de cuarzo no merece la pena saberse. Lo que no esté en los anales de unas cuantas culturas antiguas elegidas un poco por criterio estético, es perverso y dañino. No se puede intervenir, no se puede analizar, no se pueden examinar las partes que componen el todo. No se puede aplicar el método científico.

Y, a la vez, te piden el milagro. Consíguenos este medicamento, esta droga, esta cura. Hazlo a base de modelos de ordenador y pensamiento holístico. Hazlo a la primera, y que sea perfecto. Si lo consigues, tomaré la droga, usaré la cura, pero siempre te reprocharé que sea "artificial". Y si no lo consigues, seas por siempre maldito y sea la ciencia despreciada. Dadme el milagro, pero no toquéis el mundo.
Ego bloggar sum

Gracias a los siempre buenos oficios del incansable rvr, ha llegado a mis deditos un trasto llamado ::w.bloggar:: que sirve para lo mismo que la ventana de edición que Blogger pone a nuestro alcance. Así que lo he bajado y lo estoy probando, a ver qué tal. Es casi casi como el Word, pero no tienes que cortacopiar el texto luego a Blogger, porque aquí ya está el botoncito para publicar. Qué cosas inventaaaan...

20.5.02

Ha muerto Stephen Jay Gould

Pues eso, ahí está dicho todo. Ha muerto uno de los escritores que más ha hecho por acercar el hecho de la evolución al lector lego. Aunque se puede estar en desacuerdo con sus ideas (para eso está la ciencia, qué carape), su estilo de escritura, ágil y ameno, su capacidad de usar metáforas divertidas para explicar los procesos evolutivos, y su numerosísima producción (la tira de libros y un porrón de artículos)... se han parado en seco.

No exagero si digo que generación y media de estadounidenses ha aprendido lo que sabe de evolución leyendo a Gould. Era, es (sus libros siguen ahí) uno de los divulgadores más conocidos y queridos aquí en USA.

Vamos a ver muchas necrológicas y muchas reediciones de sus libros. Esto es bueno. Pero ya no vamos a ver más libros nuevos a la venta. Esto es malo.

Aunque a mí personalmente algunas de las ideas de Gould me rascan un poco, la verdad es que me lo paso pipa con sus libros. Sólo me gustaría que hablara menos de béisbol. Pero Gould fue el que desmenuzó a conciencia el mito de la diferencia de IQ entre razas con su magnífico "La falsa medida del hombre" (cabreando de paso al tipo ese que escribió "The Bell curve", no recuerdo el nombre, no tengo ganas de ponerme a mirarlo ahora). Gould fue el que en su libro "El pulgar del panda" explicó conceptos clave de la evolución con gran habilidad y éxito. Gould y Dawkins han sido el centro de un animado debate sobre mecanismos evolutivos. Gould fue presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, ¿para cuándo una AEPAC?), miembro del CSICOP, escéptico y músico. Necesitamos más gente como Gould.

Porras.
Breve historia de la medicina

Traducido de un textito anónimo que circula por Internet:

"Me duelen los oídos":

2000 A.C. - Cómete esta raíz.
1000 D.C. - Esa raíz es pagana. Recita una oración.
1850 D.C. - La oración es superstición. Bébete este elixir.
1940 D.C. - Ese elixir no cura nada. Trágate esta píldora.
1985 D.C. - Esa píldora no es eficaz. Tómate este antibiótico.
2000 D.C. - Ese antibiótico es artificial. Cómete esta raíz.

15.5.02

Mentiras piadosas

En un día de primavera que parece pintado por un confitero de cuento de hadas, el Memorial Union ha sido testigo de un acto que, para alguien que viene de España, resulta curioso. Quizá también agridulce.

La cosa es que aquí el porcentaje de creyentes y practicantes de alguna denominación del cristianismo (hay la tira) es muy alto. Ya he hablado varias veces del asedio de encuestadores, Testigos de Jehová, mormones, baptistas, y otras especies espirituales que campan a sus anchas por todas partes. Además, hay iglesias hasta debajo de las piedras, desde cosas grandoootas como las iglesias de la calle Monroe hasta casitas destartaladas que proclaman ser, por ejemplo la "Iglesia de San Anselmo de Canterbury" (al lado de la Beanery; jamás he visto un feligrés entrando ni saliendo, pero el cartel tiene letras bien gordas). Luego tenemos St. Mary, la única -que yo sepa- iglesia católica de por aquí. Nunca he entrado. Por fuera es espantosa, horripilante, un bloque irregular de madera, sin ventanas, en lo alto de una pequeña elevación. Está rodeada de verja con alambre de espino. Parece un búnker. Te dan ganas de dar un rodeo para no tener que pasar cerca.

Lo que quiero decir es que aquí la religión es cosa que mucha gente vive a fondo, no algo para pasar un domingo o en plan social y festivo como es más normal en España. Como la mayoría de la gente es protestante, están muy acostumbrados a leerse la Biblia. Algunos se la saben de carrerilla. Es el puntal de cualquier argumento religioso en los USA. Y aquí es donde la cosa corta, y hace sangre.

El acto de hoy en el Memorial Union se llamaba "Biblia y homosexualidad". Un montón de chicos y chicas escuchaban atentamente a un señor hacer unos malabarismos impresionantes con citas selectas de tal libro para permitirles reconciliar su elección sexual con su religión. En otro día, en otro estado de ánimo, hubiera escrito algo jocoso. Hoy la cosa me ha parecido triste, agotadora, insensata, fútil. A medio kilómetro de distancia, en una de las múltiples iglesias, o quizá en el mismo campus, en una de las innumerables salas que la Universidad pone a disposición de quien lo solicite, algún otro señor o señora está usando citas selectas del mismo libro para predicar el fuego del infierno a estos chicos y chicas por ser homosexuales. A mí me da igual, no me afecta ni una cosa ni la otra; pero a ellos sí, se les veía interesados, casi ansiosos, buscando de labios de alguien las razones que les permitan reconciliar lo que son con lo que creen. Cualquier excusa. Cualquier argumento a favor. Lo que sea: una migaja de lógica desesperada, arañada de interpretaciones de versículos de un libro escrito por hombres muertos miles de años atrás. La necesidad desnuda de esa certeza, la convicción de que sólo pueden estar a gusto con lo que son y lo que hacen si la Biblia lo dice, me ha llenado de un cansancio repentino, y me he ido antes de que terminara el acto.

Ellos han tenido la cortesía de no venir a intentar convencerme de que tienen razón, y por respeto a esa cortesía no pienso escribir aquí nada que intente convencerles de que no necesitan que lo que diga la Biblia apruebe, ni mucho menos tolere, su forma de ser. Lo que no puedo dejar de plasmar aquí es la tristeza que, esta tarde, he sentido al escuchar a ese señor retorcer por enésima vez los mismos cansados argumentos para tranquilizar unas mentes que necesitaban (se les veía en las caras atentas, ávidas, y las preguntas siempre personales "A mí me pasa...", "Es que mi familia...", "Mi pastor me dice...") mentiras piadosas en un libro tan apasionante, tan bello, tan trágicamente dañino, como la Biblia.

14.5.02

Escenas de la vida

En el Pangea me adoran.

Ya tenía yo una vaga idea de que era este el caso, pero era eso, una vaga idea. Hoy he podido confirmarlo de primera mano, al ir en busca de un sandwich de atún, que ahí están muy ricos (trocean el atún y lo mezclan en una pastita que tiene mahonesa y cebollita, creo, y especias, y trocitos de apio que no me gusta pero que no quedan mal del todo, y luego ponen lechuga cortada en tiritas muy finitas por encima y estabilizan el conjunto con dos lonchas de queso suizo y luego lo ponen entre dos rebanadas de pan constelado de comino y cortan el sandwich en diagonal y comértelo es un problema gordo si no tienes la mandíbula desencajable de una pitón pero eso es otra historia; y de todas formas está muy rico). Total. Que llego al Pangea, y había cola, pero cortita: dos personas delante de mí, una mujer de unos cuarenta años y un hombre de treinta y tantos, y me digo, bien, soportable. En caja, en lugar de la mujer habitual, bajita y con cara de bulldog amistoso, estaba una chica joven, espigada, de ojos verdes, decorada con elementos de bisutería orgánica, o étnica, o energética, o algo así. Así dispuesta la escena, avanza la mujer.

—¿Qué quiere tomar? —pregunta la chica. La mujer toma uno de los menús que hay en el mostrador y lo estudia unos segundos.

—La ensalada César, ¿qué lleva?

—Lechuga Romaine y pechuga de pollo, servido con salsa César especial y tostones —recita la chica, repitiendo punto por punto lo que pone en el menú que la mujer sostiene en la mano.

—Ah. Um. ¿Y el sandwich de pavo? —pregunta la mujer, y tras la respuesta sigue preguntando por los detalles de cada plato del menú, seguramente para comprobar si la chica se los sabe.

Agotadas las posibilidades comestibles, la mujer guarda silencio durante un buen rato, y la chica deja que su mirada verde se pierda en el vacío que visitan sólo los estudiantes de primer año, los maestros zen, y algunos rumiantes.

—Una ensalada de la casa —dice por fin la mujer.

—¿Qué tipo de aliño quiere? —pregunta la chica de inmediato, y adivino que no ha vuelto de la Dimensión Desconocida, es sólo su boca trabajando en automático sin pasar por su cerebro. Ventajas del entrenamiento intensivo de estos sitios.

—¿Qué tienen?

Dejo de prestar atención porque ya me sé los aliños (vinagreta balsámica, rancho, queso azul), y cuando levanto la vista de mi libro cinco minutos más tarde veo a la mujer ofreciendo una tarjeta para pagar. La chica pasa la tarjeta por el lector. No pasa nada. Nuevo pase al natural de la tarjeta. Nueva ausencia de sucesos. Suspiro de la chica, que arrastra su mente desde dondequiera que la tuviera pastando e introduce los números en el teclado. Espera de quince segundos durante los que la chica tamborilea sobre el mostrador con uñas pintadas de Rojo Navajo. Finalmente la maquinita emite un chirrido enfadado e imprime el recibo. Nueva pausa de diez segundos durante los que la mujer busca un bolígrafo en su bolso, sin ver o sin querer ver el bolígrafo que la chica le ha puesto bajo la nariz. Finalmente el recibo es firmado; la mujer se va; la mujer vuelve; la mujer recoge el rectangulito de plástico con el número de su pedido, que se le había olvidado; la mujer se va bis; el hombre ocupa su lugar.

—¿Qué quiere tomar? —pregunta la joven.

—La hamburguesa vegetariana, ¿lleva huevo? —pregunta el hombre, y yo suspiro, me apoyo contra la pared, y me pierdo de nuevo en mi libro. Pero no puedo evitar escuchar la conversación, porque este caballero posee la potencia pulmonar de un almirante que ha descubierto, en mitad de un huracán en el Pacífico, que su segundo de a bordo lleva las polainas mal abrochadas, o ha renegado de la Reina, o algo así.

—¿Son muy grandes las raciones de sopa? —pregunta ahora, en el tono ligeramente ascendente del que teme que la sopa venga sazonada con arsénico.

—Puede pedir un plato o un cuenco —dice la chica, indicando con las manos el tamaño de cada opción. El hombre se frota la barbilla, pensativo. Pasea la mirada por las hileras de botellas de colorines con diversos zumos de frutas y aguas pseudominerales detrás de la nevera con puertas de cristal. Sopesa los pros y los contras con toda la seriedad de un diplomático estudiando un tratado internacional de no agresión. La chica vuelve a sus verdes prados mentales. Yo vuelvo a mi libro.

El hombre por fin se decide y pide una hamburguesa y un plato de sopa, y nuevamente una tarjeta reluce bajo los focos. Afortunadamente esta vez no hace falta introducir números y el recibo hace su irritada aparición apenas medio minuto más tarde. El hombre se va y llega mi turno.

—¿Qué quiere tomar?

—Un sandwich de atún, por favor.

—Tres noventa y cinco.

Le doy cuatro dólares que llevaba listos en la mano, ella me alarga cinco centavos, que recojo a la vez que el rectangulito con el número. Creo ver lágrimas de agradecimiento en sus ojos verdes.

Me adoran, ya os digo.

(Es que hacía tiempo que la Biblioteca no se ponía narrativa)

11.5.02

Noticia Importante

El próximo lunes, 13 de Mayo, Adela Calatayud expondrá sus pinturas en Cajamurcia Madrid, en la calle Cedaceros, 11. Todos los cuadros que he estado mostrando en reproducciones muy imperfectas en el enlace de "pinturas de Adela Calatayud" estarán presentes, y muchos más a cuál mejor. Lo digo en serio, que he visto algunos. Estáis todos invitados y seréis todos muy bienvenidos.

Además, sé de buena tinta que si al llegar os identificáis como bitacoreros, sea escritores o fieles lectores y comentaristas, la bienvenida será todavía mejor.

En la sección de pinturas hay un cuadro nuevo: vedlo y pasmaos.

10.5.02

Cumple

Ah, y La Biblioteca acaba de cumplir 7200 visitas. ¿A que las lleva bien? ¡Y las que le quedan...!

Gracias a todos.
Marcha! Fiesta! Tartaaaaa! Fiesta! Marcha!
Más Allá de la cordura

Toca el desahogo trimestral contra el pensamiento acrítico, la superstición, y las pseudociencias. Pero mío no. Yamato ha puesto en su bitácora un enlace a un artículo que escribió tras cierto programa sobre lo paranormal que se emitió en Canal 9, la televisión autonómica valenciana. No os lo perdáis: no sólo os lo vais a pasar pipa, sino que vais a tener acceso directo a uno de los escritos de Yamato, que nos ha regalado a lo largo de los años con auténticas joyas de pensamiento crítico, siempre bien explicadas, precisas, claras y divertidísimas. Cosa de cinco estrellas. O visto el tema, de cinco cucharas dobladas. Paranormalmente, claro.
Mirando

Ahora que ya habéis tenido tiempo de descifrar el tocho de dos entradas más abajo, dejo que veáis un dibujo de lo que pasa durante la replicación del ADN. Está lejos de ser perfecto (no muestra cómo la cadena tardona se dobla en un bucle), pero está bien explicado y es muy clarito. Los que no sepáis inglés, da igual. Si lo he hecho bien, podréis enteraros de lo que pasa sólo mirando el dibujillo.

8.5.02

Asociacionismis...ismo

O como se diga. Este bendito campus parece decidido a tenerme en un sin vivir. El Quad y yo hemos establecido una relación amor-odio que para sí la quisiera Flaubert. Se ve de todo. Hoy mismo era el día en que las diversas (y lo de diversas lo digo con toda la mala intención) asociaciones de estudiantes se dan autobombo e intentan captar víct... esto, adeptos. Todas las mesas, pero todas todas (sí, lo he comprobado) no parecían confiar mucho en sus méritos nada más y ofrecían sobornos comestibles. Desde caramelos a pizza, pasando por snow cones: hielo picado perfundido de jarabes dulzones de vivos colores que, en sus garrafas de plástico, más parecían algún tipo violento de desinfectante industrial.

Pero una cosa es cierta: no he visto en España ni la décima parte del entusiasmo y las opciones que hoy se mostraban. Asociaciones de teatro, políticas, musicales, étnicas, científicas, de voluntariado, de juegos, de kendo, de cocina, de baile, de todo. Opciones a punta pala. Gente con ganas e ilusión, sin un duro pero con rotuladores fosforito y proyectos por doquier, algunos de ellos realmente complejos y ambiciosos. Alumnos aguantando horas enteras sentados en incomodísimas sillas metálicas e informando amablemente a los transeúntes de las maravillas de su grupo particular, manteniendo el tipo y un agradable equilibrio entre entusiasmo y cortesía. Daba gusto verlo.

Y este es el mismo Quad que el día 1 de Mayo albergó la algo truculenta demostración de un grupo de teatro local, alquilado por no sé qué asociación para conmemorar algo que pasó en Chicago hace la tira de años, unas manifestaciones muy violentas durante las que hubo bombas, disturbios, cosas malas varias, y que se saldaron con la ejecución en la horca de cuatro hombres. El grupo nos lo dejó claro por el procedimiento de erigir un cadalso algo temblón en el Quad, y montar cuatro sogas, de las que colgaban tres chicos y una chica. De mentiras, claro: llevaban la soga al cuello pero era de salivilla, en realidad colgaban de un arnés tipo columpio disimulado bajo unos ponchos negros de paño. Otros jóvenes ofrecían a los viandantes folletos explicativos y facsímiles de los panfletos que en su día llamaron a la huelga a los trabajadores.

Al día siguiente me enteré de que varios alumnos y profesores habían protestado por el montaje. Supuse que les había parecido demasiado morboso. Me equivoqué a medias: una alumna envió al periódico del campus una carta henchida de indignación porque la demostración le pareció, cito, "racista". Um. ¿Mande? Al seguir leyendo, me enteré de que la razón era que la visión de una horca le había traído a la memoria los dolorosos recuerdos de los miles de negr... er, Afroamericanos que fueron linchados en este país.

Y la otra protesta vino de gente que se quejaba porque en los panfletos ponía "Attention workingmen!".

Que sí. De verdad. No me lo invento. ¿Entendéis ahora lo de la relación amor-odio?

5.5.02

A tumba abierta

Desde hace unos días llevo buscando imágenes de la horquilla de replicación del ADN. Para ilustrar, me digo, la explicación que tengo en mente contar. Para facilitar la comprensión de un proceso que es a la vez delicado, complejo y algo torpón. Pensaba remachar bien la idea de que los globitos de colores y la pulcra línea doble, como una vía de tren, que se separa en dos hebras independientes es apenas una representación, una imagen, un icono, que las cosas no pasan así, que dentro de la célula son más complicadas, menos claritas, más apelotonadas y confusas. Pensaba ponerlo todo muy didáctico, marcado con As y Bs y aquí donde ven ustedes esto, etcétera etcétera.

Pero he decidido que no, que a la porra. Que las palabras deben bastar y sobrar, que esto es una bitácora, un sitio de palabras, y que ustedes disculparán las necesarias incorrecciones y simplificaciones de esta entrada, porque no quiero darles un curso de biología molecular ni ofrecerles un refrito de un libro de texto. Quiero contar una historia. Y voy a usar tres acrónimos nada más.

La doble hélice de ADN es, ya lo dice el nombre, doble: está compuesta de dos hebras individuales que son difíciles de romper. Pero no muy difíciles de separar: la estructura se mantiene doble por medio de unos enlaces químicos relativamente débiles. Esto nos viene muy bien, porque para generar una copia de ADN es necesario que las dos hebras individuales se separen. Aquí es donde, en los libros básicos de biología, se dice ¡Abracadabra!, las hebras quedan separadas, cada una de ellas sirve de molde a una hebra nueva y complementaria, y donde antes teníamos una doble hélice ahora tenemos dos, chin pum.

Pues no, eso no me vale. Estudiemos ese Abracadabra, porque las cosas no pasan por magia potagia, algo hace que pasen. De modo que vamos a mirar lo que pasa más de cerca. Los lugares donde el ADN se está replicando (el palabro es traducción directa del inglés, pero a mí me vale porque se está creando una réplica), parecen ojales abiertos en un hilo. Y la analogía es buena: si toman un hilo, o un cordón de esos formados por hebras más finas entrelazadas, e insertan un dedo para separar las hebras, y empujan un poco, abren un ojal en el hilo. El ADN hace un poco lo mismo: abriendo la doble hélice en zonas aisladas de la molécula, no hace falta cortar nada para que la replicación tenga lugar.

El “dedo” que empuja la doble hélice, dejando atrás dos hebras separadas, tiene forma de donut y se llama helicasa. No hay misterios en la nomenclatura en biología, aunque sí mucho caos. En general, el nombre de una molécula describe su función. Helicasa, separa la hélice. Fácil.

Así que tenemos una molécula como un anillo (o como una tuerca, o una florecilla, porque el anillo está formado por seis unidades) que a medida que avanza va separando la doble hélice en un ojal de dos cadenas simples. Delante del donut, la doble hélice está sometida al mismo tipo de fuerzas que nuestro hilo del ejemplo anterior, es decir: tenderá a apelotonarse en lo que se llama una superhélice, porque la doble hebra se organiza a la vez en una hélice, como el cable de un teléfono cuando hemos estado dándole vueltas en el mismo sentido durante un rato. Y detrás del donut-helicasa, las dos hebras individuales tenderán a volver a juntarse, porque químicamente esa es la forma más estable de la molécula. Pero eso no se puede tolerar, porque para que la replicación tenga lugar las hebras deben estar separadas. Así que otras proteínas acuden y se fijan a las hebras individuales para mantenerlas separadas. Estas proteínas se llaman SSBPs (ningún misterio aquí tampoco; son las iniciales en inglés de su nombre, que significa “proteínas que se unen a la cadena simple”; toma ya complicación).

No basta abrir el ojal y estabilizarlo. Cada una de las dos cadenas simples, individuales, ha de generar una copia complementaria de sí misma. De esto se encarga, agárrate que viene curva, una polimerasa de ADN: una molécula cuya función es generar un polímero de ADN. ¿Más clarito? La polimerasa es responsable de la replicación, la gran jefa, el motor. Por donde ella pasa, nace una nueva cadena simple de ADN, unida a la cadena “madre”, que sirve de molde.

Una cosa curiosa es que las polimerasas tienen direccionalidad: sólo funcionan en un sentido, como una locomotora sin marcha atrás. Cada cadena simple de ADN también tiene direccionalidad. No nos meteremos en esto, es cosa de la estructura química de la hebra; baste decir que una de las hebras “apunta” a un lado, y la otra, al opuesto. Cuando la polimerasa se une a una de ellas, se moverá o bien hacia la horquilla de replicación o bien en sentido opuesto, porque la dirección de la cadena a la que la polimerasa se une determina la dirección en que se mueve.

Cuando la polimerasa se mueve hacia la bifurcación de la horquilla de replicación, donde la helicasa está haciendo de las suyas, es porque está replicando lo que se llama la cadena “líder”. Aquí no hay complicaciones: la polimerasa llega, se une, y replica, sin perder el tiempo en tontunas.

Para replicar la otra cadena, la polimerasa se tiene que mover en la dirección opuesta, alejándose de la horquilla, y uno pensaría que se puede usar la misma estrategia: polimerasa llega, polimerasa replica, piruleta para la polimerasa por ser buena.

Pero no. Más quisieran miles de estudiantes. Por alguna razón, en esta cadena la polimerasa se nos vuelve tartaja y no puede replicarla toda de una. El proceso es más o menos asina:

Entra en escena una proteína nueva: la primasa. La función de esta criaturilla es generar unos trocitos muy pequeños de ARN, de apenas unas pocas bases de longitud. El ARN se puede unir a la cadena madre de ADN sin problemas: se parece mucho y también tiene 4 bases complementarias. Una vez ha generado estos trocitos de ARN, la primasa se suelta. El ARN actúa un poco como señuelo, de manera que la polimerasa se une a estas áreas de doble cadena (una de ADN y la otra de ARN) recién formada, y avanza un trocito. Y se suelta también. Esto pasa a la vez a lo largo de toda la cadena “retrasada” (en inglés se llama así, “lagging”), de modo que al final lo que tenemos son muchos trocitos de ARN pegados a trocitos un poquito más grandes de ADN nuevo, todos en fila india, consecutivos pero no unidos entre sí, como vagones de tren sin ensamblar. Estos “retales” tienen el eufónico nombre de fragmentos de Okazaki.

Sí, bueno, pero ¿qué chapuza es esta? Esta cadena nueva no es una hebra continua de ADN como la otra: es una sucesión de fragmentos, cada uno de los cuales empieza con un trozo de ARN. Esto no es serio. Además, no nos vale; esta doble hélice que está naciendo es un asquito y no va a funcionar. Necesitamos que sea toda ella de ADN, y sin junturas: cada cadena lisita y continua.

Para arreglarlo hacen falta (ya queda poco, paciencia), ¡dos proteínas más! Qué sorpresa, ¿eh? Una de ellas es un tipo diferente de DNA polimerasa, que llega y va eliminando los trocitos cortos de ARN, sustituyéndolos por sus equivalentes de ADN. Así que ahora los fragmentos de Okazaki son ya todo ADN.

Sí, pero siguen siendo fragmentos. Todos juntitos, pero fragmentos, no una sola cadena. No haya pánico. La última proteína del cuento es, jamás se lo podrán imaginar, una ligasa. Que liga. O sea, que une los fragmentos entre sí. Tras su paso, los fragmentos de la nueva cadena hija quedan impecablemente unidos, y ya tenemos las dos cadenas hijas, cada una de ellas acopladita a su cadena madre.

Mientras tanto, la helicasa ha seguido agrandando el ojal, dejando más trozo de ADN abierto a la replicación. Delante de ella, la doble hélice estaría hecha un gurruño impenetrable de superhélices superenrolladas supercompactadas, de no ser por... Sí, por ooootra proteína: la topoisomerasa, que, como su nombre casi indica, se ocupa de resolver el superenrollamiento de la hélice y dejar que la helicasa siga avanzando sin atascarse (cosa que haría, porque el ADN superenrollado presenta un obstáculo superior a las fuerzas de la helicasa).

Y la guinda. Todo este tejemaneje tiene lugar en los alrededores de la zona donde el ojal se bifurca. Pero un ojal tiene dos bifurcaciones. ¿Qué pasa en la otra? Veo temblar a mis lectores, pero no hace falta, se explica rápido: pasa lo mismo. O casi. La cadena “líder” se convierte en la “retrasada” y viceversa. El centro del ojal se llama “origen de replicación” (toma ya creatividad), y a partir de él se van separando ambas horquillas, agrandando el ojal, y dejando a su paso dos cadenas dobles de ADN donde antes sólo había una. Un tipo especial de secuencia en el ADN determina qué zonas son origen de replicación.

(Nota obviable: Los lectores avispados se habrán dado cuenta de que el follón que tiene lugar en la cadena retrasada no puede ir tan rápido como en la otra. Cierto. De hecho, esa cadena forma un bucle que por un lado facilita la función de la polimerasa, y por otro compensa el ritmo más lento de replicación en esa cadena).

Pues ya está: esto es el “abracadabra” de la replicación del ADN, que no suele aparecer en los libros hasta que llegas a la Universidad.

Y ni he puesto dibujos ni nada.

Gracias por su atención.

Buf.

2.5.02

DPD

Ha nacido un nuevo acrónimo. Y van... Unos doce mil novecientos cuarenta y cuatro, creo. Y los que quedan. Qué manía. ¿Tanto cuesta escribirlo todo seguidito? Entiendo que, si el palabro es largo y se usa mucho, se use el acrónimo, pero jopeta, es que parece que si no ponen las letritas a todo, aunque lo conozcan sólo en su casa y a la hora de la cena, no se quedan a gusto...

Errrrm, bueno, decía, el nuevo acrónimo es DPD: Difference, Power and Discrimination, que es... no sé qué es... Un grupo de cosas que pasan que se pueden definir como cosas que tienen que ver con, bueno, diferencia, poder y discriminación. He leído el artículo dos veces y sigo sin saber lo que es. Creo que es una guía para aprender a detectar casos de DPD en el lenguaje escrito y evitarlos: un disfraz para lo políticamente correcto. DPD. Tiene nombre de droga. Dice una tal Susan Shaw que la guía "ayuda a la gente a darse cuenta de cómo usamos el lenguaje para construir la realidad". Postmoderna habemus. Mientras no hable de ciencia no me meteré con ella, jijiji.

Me ronda la sospecha de que ponen los acrónimos para hacer parecer las cosas más importantes. DPD. PMS. WAPM. IMHO. IMNSHO. ADD. WS. OSU.

Ays. Connie Willis, qué razón tienes y cuánto sabes. Genio, que eres una genio. Todo clavadito a lo que cuentas, todo. Ays.

P.D. Pues sí. He ido a la página web donde está esta guía y sí, es una manera postmoderna de abordar el problema de la, um, DPD... Básicamente: si no escribes cosas feas las cosas feas se irán. Mis disculpas a los postmodernistas de verdad que han contribuido con cosas serias e interesantes,